Retos para el desarrollo de la educación inicial en Iberoamérica


 

Perspectivas de futuro

Retos para el desarrollo de la educación inicial en Iberoamérica

Iberoamérica tiene todavía, por lo que se refiere a la atención de los niños más pequeños, una serie de problemas o retos a los que debe hacer frente en los próximos años. Entre ellos podrían destacarse, inicialmente, los siguientes:

 

·         Cobertura o número de plazas ofertadas. A pesar de las dificultades derivadas de la insuficiencia de los datos estadísticos, puede decirse a grandes rasgos que la cobertura de los centros preescolares es relativamente alta en algunos países para los niños desde los 4 o 5 años hasta la escuela obligatoria. En otros, por el contrario, persiste un grave problema de insuficiencia de puestos para este nivel. La cobertura para la etapa anterior a los 4 años es claramente insuficiente en el conjunto de los países analizados.

·         Estrechamente ligado al punto anterior se encuentra el aspecto de la financiación y el coste familiar de los distintos programas. En la mayoría de los países no hay gratuidad para la etapa de menores de 4-5 años, excepto en los programas con un marcado carácter asistencial, por lo que los padres deben abonar los gastos.

·         Por el contrario, la etapa de preescolar, al menos dentro del sector público, es gratuita en casi todos los países. No obstante, muchos de los sistemas tienen carencia de plazas gratuitas también en este nivel, existiendo una fuerte presencia del sector privado. Llama la atención, por otra parte, que con frecuencia la posibilidad de acceder a un servicio preescolar gratuito tenga que ver más con el lugar en que el niño vive que con sus necesidades reales. Así, como se ha dicho, es más difícil el acceso en las zonas rurales o entre las poblaciones indígenas. Por tanto, en los temas de cobertura y financiación sobre todo en los primeros años nos encontramos con un problema de acceso diferencial. Son precisamente las familias que más necesitan estos servicios las que se encuentran con mayores dificultades para obtenerlos y costearlos. El análisis de las experiencias alternativas expuestas es especialmente relevante para solucionar este problema, ya que quizás el desafío pendiente no es tanto el aumento indiscriminado de la financiación de este nivel, sino conseguir que dicho aumento repercuta de forma especial en quienes más necesitan una atención educativa temprana. Otro de los problemas que no se refiere sólo a las diferencias entre países sino especialmente a las que hay dentro de un mismo país el de la diversidad o heterogeneidad de los servicios. Entre los programas previos al preescolar para los niños más pequeños y éstos últimos, hay grandes diferencias en todos los aspectos: niveles de prestación, horarios de funcionamiento, objetivos y orientación de los servicios.

·         Los servicios para niños menores de 4 años están, en general, excesivamente volcados hacia lo asistencial, olvidando a veces otros aspectos de desarrollo del niño; pero también existe en el otro extremo el problema de que muchos centros para mayores de 4 años están tan orientados hacia lo pedagógico, que por sus horarios y organización se convierten en servicios imposibles de utilizar para los padres que trabajan.

·         En este sentido resulta necesario superar la diferenciación entre cuidado y educación, que subyace tanto en las diferentes opciones en función de la edad de los niños como en la fragmentación de los programas ofrecidos a los de una misma edad, puesto que, cuanto más pequeño es el niño, más difícil resulta separar ambos conceptos.

·         Otros retos pendientes se refieren a la preparación y a las condiciones laborales del personal que trabaja en la educación inicial. Aunque la situación es variable en función del país que se analice como ya se ha puesto de manifiesto, lo común en este tema es que subsistan las diferencias entre quienes se ocupan de los niños más pequeños y quienes lo hacen de los mayores de 4 ó 5 años. La falta de coherencia entre las dos etapas, por lo que se refiere a la formación del personal, se refleja también en los salarios y en las condiciones en las que desempeña su trabajo. La tónica general es que los trabajadores de servicios para niños menores de 4 años tengan unas condiciones laborales precarias. El reto consiste, por tanto, en incrementar las cualificaciones del personal encargado de la educación inicial, así como en mejorar los factores relacionados con su desempeño profesional.

·         Adicionalmente, en casi todos los países parece necesario mejorar la coordinación entre las diferentes instituciones que se ocupan de la atención hacia los niños más pequeños, creando grupos interministeriales e intersectoriales para definir las políticas sobre infancia de una manera coherente. Ello no supone, en ningún caso, la unificación o integración de instituciones u organizaciones de diferentes sectores, puesto que sus objetivos son diversos, sino la búsqueda de la convergencia en las actuaciones emprendidas.

·         Quizás la cuestión de la calidad sea uno de los retos clave de la organización actual de los programas de atención a la infancia. Aunque es cierto que subsisten problemas de carácter cuantitativo, otro reto clave es el de remediar las enormes desigualdades que permanecen en cuanto a la calidad de la atención educativa que se ofrece por medio de los distintos sistemas. Si bien no resulta sencillo llegar a una definición precisa de criterios de calidad en la educación inicial, la mayoría de los países establece una serie de normas en cuanto a recursos, instalaciones, número de niños por adulto, etc. Sin embargo, en muchas ocasiones estas normas sólo se refieren a centros para niños mayores, dejando las etapas de la primera infancia apenas sin regulación. Además, la existencia de normas legales o la provisión de recursos no garantiza por sí misma que a los niños se les ofrezca una educación realmente buena. En otras palabras, no puede presuponerse que el cumplimiento de unos determinados requisitos se convierta, en la práctica, en el logro de unos determinados niveles de calidad.

·         En este sentido resulta necesario reforzar los sistemas de supervisión y evaluación de la educación inicial, analizando las distintas modalidades existentes con el fin de tener datos objetivos sobre sus resultados.

·         En todo caso, el desafío de conseguir sistemas de calidad no debe estar reñido con la preocupación por extender todo lo posible los programas de atención inicial. Puesto que el concepto de calidad es relativo, parece preferible luchar por la generalización de la educación temprana para los grupos desaventajados que orientar los esfuerzos a conseguir mejores condiciones para una minoría.

·         En general, la idea que debería primar en la organización de la educación inicial es la de flexibilidad: diversidad de soluciones para adaptarse a las distintas necesidades de las familias y de los niños y a las tradiciones culturales de las comunidades. Esto sólo se consigue si las políticas educativas para la atención a dichas edades se integran en el contexto más amplio de la política social y familiar, diversificando estrategias y modelos educativos y fomentando soluciones alternativas a la escolarización en los casos en que sea necesario.

 

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